Sunday, August 28, 2005

Cómo es, qué Piensa, Cómo Vive


Chiang Kai Shek
El Hombre que Gobierna a 450 Millones de Chinos
De la Internacional New Service

¿Qué se oculta bajo la sonrisa de Chiang Kai Shek y su regla de hierro para 450.000.000 de súbditos a través de ocho años de guerra? ¿Cómo habla y actúa en la vida cotidiana? ¿Cuáles son sus planes y ambiciones para China y para sí? Estas y otras preguntas se contestan en un penetrante análisis sobre el generalísimo chino hecho por Bob Considine, corresponsal de guerra de la International News Service, que ha hecho un estudio especial sobre Chiang, en Chungking. El siguiente, es el primero de cuatro artículos.
CHUNKING (INS).- Una de cada cinco personas de las que existen en la tierra presta tributo de varios grados a un hombre de rasgos suaves y ojos oblicuos llamado Chiang Kai Shek. Generalísimo de la mayoría de los ejércitos chinos, cabeza del gobierno nacional de China, ministro de varias carteras, Chaing está hoy más firme que nunca en su puesto de hombre número 1 de 450.000.000 de chinos.
Su posición ha sido reforzada sobre todo por el apoyo cierto de los Estados Unidos, el endoso firme aunque hesitante de la Gran Bretaña y la ahora sorprendente palmada en la espalda recibida por parte del Soviet, que hasta ahora parecía favorecer a los peores enemigos de Chinag, los comunistas chinos del norte.
Para conservar en el poder a Chiang y sus colaboradores, los Estados Unidos revisaron su posición militar y diplomática en China, removiendo a un soldado tan reverenciado como Joseph Stillwell y aceptando abruptamente la renuncia del embajador Gauss.
Actualmente, Estados Unidos está invirtiendo incontables millones de dólares en la China. La gotera a través del gigantesco Himalaya y su cadena, estáse convirtiendo en su caudalosa vertiente.
Chiang ni es ningún aliado títere. Es un individualista militante que ha retenido la fe y la admiración de varios millones de hombres a pesar de ocho años de derrotas a manos de los japoneses. Nadie lo mueve en un sentido que él no haya elegido.
Ha llevado a los Estados Unidos y a sus otros aliados el convencimiento de que los comunistas chinos constituyen un simple partido político, al que no se debe armar, y siente que no merecen la dignidad de ser parte de un gobierno chino de coalición.
Ha conseguido que sus soldados chinos sean dirigidos por chinos y no norteamericanos- con toda su técnica y su material- sirvan sólo de hombres de consejo y unión.
Ha hecho la que ningún chino, con la excepción de Sun Yat Sen, hizo en un millar de años: levantar su cabeza entre las corrientes políticas y militares de su país y conservarla inhiesta.
Ha superado las investigaciones públicas y privadas más severas sobre su administración política y su vida personal, ha salido incólume tras investigaciones sobre acusaciones de pillaje en las líneas de abastecimientos; ha sido acusado de colusión con el enemigo, intentos de conservación de materiales adquiridos bajo la ley de préstamos y arriendos, para luchar luego en contra de sus enemigos personales: los comunistas, etc.
Pero ha emergido cada vez más grande, más fuerte y con mayor influencia internacional. A menos que fracasen todas las conjeturas, es actualmente el general aliado más firmemente apuntalado en su acción.
Chiang es un hombre difícil de entender porque su idiosincrasia es una rara mezcla de orientalismo. Es budista-metodista, si eso es posible, y sus más íntimos amigos americanos y chinos, no se aventuran a decir lo que será en un momento dado. Pero siempre sabe lo que quiere.
Sus miras en la vida son sencillas: derrotar a Japón era la principal y ahora se reducen a absorber o deshacer a un ejército rojo surgente que ha estado combatiendo esporádicas luchas civiles durante 18 años, y unir a la China –cosa que ningún hombre ha podido hacer en 4200 años de historia.
El embajador Pat Hurley, el viejo y hábil diplomático que ha estado tratando últimamente de liberar la influencia oriental de Chiang dentro de su propia vida, le dijo recientemente: "Mire generalísimo, hay personas en mi país que dicen que usted es algo muy poco distinto a un dictador, y apenas mejor".
"¿Dictador?", contestó Chiang por medio de un intérprete que lo acompaña siempre. Luego agitó su cabeza y sonrió. "No, eso no es exacto, se que si me convirtiera en dictador, cuando muera y me entierren, seré tan prontamente olvidado como cualquier otro dictador".
"Pero si uno a China y consigo formar un verdadero gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, se seguirá hablando de mí de acá a diez mil años".
Chiang cree en sus aliados democráticos, los Estados Unidos y Gran Bretaña le han dado amplias facilidades para conservar a su partido Kuomintang, en el poder hasta que Japón fue derrotado. Él considera que ello es equivalente a los cuatro términos de Roosevelt y los poderes extraordinarios que recibió Churchill durante la guerra.
Sin embargo, el 2 de noviembre piensa reunir una Asamblea Constituyente.
Dice que desde entonces las mujeres y hombres de la China tendrán voto y que el Partido Kuomintang dará el control del gobierno nacional al sucesor que el pueblo elija.
Tras conocerlo de cerca, es difícil para mí poder ver cómo un cambio del sistema de un partido a la democracia, podrá afectar seriamente a este hombre tan fuerte.
Mañana: Chiang, el hombre.

Epígrafe: El Mariscal Chiang Kai Shek, el hombre de rasgos suaves y ojos oblicuos, a quien presta tributo una de cada cinco personas de las que existen en la tierra.

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